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sábado, 8 de febrero de 2014

Los Cuentos Vagabundos

Los Cuentos Vagabundos




Los cuentos vagabundos
 
Ana María Matute.



     Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento. Ese cuento breve, lleno de sugerencias, dueño de un extraño poder que arrebata y pone alas hacia mundos donde no existen ni el suelo ni el cielo. Los cuentos representan uno de los aspectos más inolvidables e intensos de la primera infancia. Todos los niños del mundo han escuchado cuentos. Ese cuento que no debe escribirse y lleva de voz en voz paisajes y figuras, movidos más por la imaginación del oyente que por la palabra del narrador.

     He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Cómo seducir a un jurado literario


Cómo seducir a un jurado literario

Por: Juan Terranova

      Un amigo irá, este año del señor de 2009, a por la trascendencia cultural instantánea de los premios literarios y me pidió algunos consejos para ganar y dar El Gran Batacazo Intelectual. Me negué pensando que uno es capaz de cualquier cosa inmerso en los inviernos semi-cruentos que nos depara Buenos Aires pero el estío nos da fortaleza para mantener ciertos niveles de integridad. Sin embargo, mientras el domingo se nublaba, durante un momento de clara desconcentración deportiva en que perdí un partido de tenis que podría haber ganado, pensé que una serie de puntos extraídos de la vieja cantera del resentimiento personal-profesional no le podían hacer mal a nadie y me servirían de excusa para no tener que desmenuzar la tilinguísima columna que Juana Libedinsky publicó en la sección Cultura de La Nación. (Se titula “El balneario que inspiran a los escritores”. De neto corte periodístico –esto es, inventar una tendencia ahí donde se dan casos aislados- su tesis central sostiene que San Ignacio “inspira” a Martín Amis y Jorge Lanata y por ello se convierte en el “balneario de los escritores”. Puedo tolerar a regañadientes un 6-3 abajo con amenaza de lluvia, pero no semejante muestra de genuflexión cultural.)

Las claves del éxito    

      La lista de recomendaciones que se da a continuación funciona exclusivamente con los grandes premios de novela, o sea aquellos que mueven el prestigio a gran escala y sobre todo la plata importante. No debe intentarse en premios más serios, donde los jurados que terminan dando el veredicto final sí leen el material que les llega (aunque no se crea, estos premios existen). Para identificar los “grandes premios de novela” se debe mirar la lista del jurado. Si en ella está el comunista declarado y premio Nobel de Literatura José Saramago no hay duda de que se trata de uno. Aquí vamos. 

Sea claro. A los jurados no les interesan sus retorcidos pensamientos o su prosa arrebolada. Su escritura, entonces, no debe contener interrogantes, preguntas retóricas o escollos traumáticos de ningún tipo.  

Sea metafórico. Pero con metáforas fáciles de identificar. No se vuelva loco buscando uniones imposibles o demasiado sugerentes. 

Sea esquemático. Los hijos vienen después de los padres. ¿Por qué ir en contra de esta ley natural e insobornable? Una historia cronológica siempre es absorbida con mayor comodidad por los ocupados miembros del jurado que vienen de tragarse varios centenares de páginas, muchas veces de insatisfactoria lectura.

Intente ser mujer. Las mujeres, por simple estadística, tienen más posibilidades de ganar que los hombres. No se trasvista.  

Intente tener una historia personal trágica. Haber sobrevivido a un accidente aéreo, a un atentado terrorista, a un exilio político, siempre causa buena impresión en un jurado internacional de escritores célebres. No subestime nunca este punto. 

Tenga un trabajo honrado. Seamos justos, ¿quién va a premiar a un vago, a un vividor, a un proxeneta o a un tahúr? Nunca pasó y nunca va a pasar. 

Sea positivo. Sobre todo, sea positivo. Si pone un nazi en su novela, por ejemplo, castíguelo por las atrocidades del nazismo. Los buenos deben ganar al final. O al menos, los malos deben perder. Siempre ayuda si el mensaje es, en alguna medida, redentor.  

No escriba sobre piratas. De verdad, no lo haga. 

Sea liberal en economía. Los pobres no son necesariamente nocivos, se trata de gente que no ha logrado ser parte decente de la sociedad. No la margine de sus tramas, pero tampoco se crispe al punto de hacer patente una fea agresividad contra los que manejan los hilos pegajosos y adictivos del capital. 

Sea conservador. Incluso ligeramente reaccionario, sobre todo en el aspecto político. Para lograrlo puede utilizar las mejores partes de la poesía argentina. (Y también las peores.)

Sea manso y equilibrado. No se entusiasme. Queda mal.  

Evite sobre todo las arbitrariedades y las contradicciones. Confunden al lector, lo ponen en situación de riesgo con respecto al mundo, lo fuerzan a tomar posición. 

Sea melancólico, nostálgico, tristón. Para lograrlo puede utilizar las peores zonas del tango. Desde el momento en que la cultura es un bien acumulativo y la sabiduría acompaña los años, ningún jurado importante del mundo jamás baja de un promedio de cincuenta años de edad. Por lo tanto, ellos estarán de acuerdo en que “todo tiempo pasado fue mejor”. Recuerde estas simples consignas: antes los seres humanos eran menos violentos, leían más libros, miraban poco o nada de televisión, y tenía una opinión más clara y firme de sí mismos. Explote estas verdades insoslayables en su escritura. 

Use anteojos. Antes de marco de acero, redondos, a lo Trotsky, ahora de diseño con marco negro. Los anteojos no suelen escribir obras legibles, por lo tanto no garantizan nada, pero quedan realmente muy bien en las fotos de promoción si usted triunfa.

Por: Juan Terranova


viernes, 18 de enero de 2013

Advertencias de un escritor. Gabriel García Márquez

 Lista de valiosos consejos que nos deja el gran gabo.



Advertencias de un escritor


García Márquez, Gabriel 





1- Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada. 

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.


3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.


4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.
 

lunes, 31 de diciembre de 2012

El tono narrativo. El Arte de narrar


El tono narrativo
 
Anónimo




Las palabras dan emociones, pero, en cualquier vuelo literario, las emociones nacen desde la voz del narrador. Pueden ser voces irónicas, cínicas, desafiantes, persuasivas, desconfiadas, enamoradizas, vengativas, melancólicas... 

La voz del escritor sobrevuela el texto desde el momento en que elegimos narrar un relato desde ahí, desde nuestro particular punto de vista, pero lo que cuenta el narrador, "cómo lo dice" (tono del discurso), es tan importante -o más- que "lo que dice" (argumento). 



"En literatura, no oímos al narrador y, por tanto, debemos estar atentos a otros índices de su actitud", explica Enrique Anderson Imbert en su libro Teoría y técnica del cuento.

Una frase literaria, dicha en tono satírico, no significa lo mismo que expresada en tono frío o distante. Es como un chiste: será más o menos gracioso no sólo por la anécdota en sí, sino más bien por cómo la transmite la persona que la cuenta.

Por tanto, el tono de un relato es la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el argumento y hacia los protagonistas.

La entonación crea un efecto de empatía en el lector, porque, según el tono con que se cuente la trama argumental, ésta puede expresar diferentes sentimientos. 


No es el mismo discurso afirmar que lloverá, dudar si lloverá o no lloverá o amenazar a alguien con que le lloverá encima. 


El tono del relato, en definitiva, puede modificar la historia y forma parte del punto de vista desde dónde quiere narrar el escritor. Cuando éste comienza un cuento, opta por una narración concreta, elige desde qué narrador va a contarla (primera, segunda o tercera persona), pero también desde qué sentimiento (tono) lo enuncia.