Los Cuentos Vagabundos
Los cuentos
vagabundos
Ana María Matute.
Pocas cosas existen tan cargadas de magia como
las palabras de un cuento. Ese cuento breve, lleno de sugerencias, dueño de
un extraño poder que arrebata y pone alas hacia mundos donde no existen ni el
suelo ni el cielo. Los cuentos representan uno de los aspectos más
inolvidables e intensos de la primera infancia. Todos los niños del mundo han
escuchado cuentos. Ese cuento que no debe escribirse y lleva de voz en voz
paisajes y figuras, movidos más por la imaginación del oyente que por la
palabra del narrador.
He llegado a creer que solamente existen media
docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de
los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse.
Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche,
suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por
las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un
estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan
a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los
ojos cerrados.
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