Sobre el punto de vista en la narración

El punto de vista es el elemento más complicado de la narración. Si bien es
posible analizarlo, definirlo, esquematizarlo, se trata en última instancia de
una relación entre escritor, personajes y lector que, como toda relación, tiene
sus sutilezas. Podemos discutir sobre el narrador, la omnisciencia, el tono, la
distancia o la credibilidad en determinado cuento, pero ninguna conclusión que
saquemos lo ubicará en el mismo casillero con otro cuento.
En primer lugar debemos desechar la acepción común de la frase "punto de
vista" como sinónimo de opinión, como cuando decimos por ejemplo
"desde mi punto de vista debe haber pena de muerte". La visión del
autor acerca de lo que es o debería ser el mundo se nos revelará al final,
según el uso que haga del punto de vista; y no al revés: identificar las
creencias del narrador no sirve para describir el punto de vista en el relato.
En lugar de pensar que el punto de vista consiste en la opinión o las creencias
del autor, hay que tomarlo de un modo más literal, como "el punto desde
donde se mira mejor".
¿Quién se ubica dónde para mirar la escena?
O, mejor, como estamos hablando de lenguaje, las preguntas deben ser: ¿Quién
habla, a quién, cómo, a qué distancia de la acción, con qué limitaciones?:
aspectos todos relacionados con la elección del punto de vista. Dado que el
autor quiere hacernos compartir su perspectiva, las respuestas nos ayudarán a
descubrir su opinión, sus juicios, su actitud o su mensaje.
¿QUIÉN HABLA?
La primera decisión que debe tomar un autor respeto al punto de vista tiene que
ver con el narrador. He aquí la clasificación más simple que se puede hacer
acerca de quién habla: un cuento puede ser narrado en tercera persona (Ella
pasea bajo la luz de la luna), en segunda persona (Paseas bajo la luz de la
luna) o en primera persona (Paseo bajo la luz de la luna). Los relatos en
segunda y tercera persona los cuenta un narrador, los relatos en primera
persona, un personaje.
Tercera persona
La tercera persona, desde la cual el narrador cuenta el relato, se puede
subdividir según el grado de conocimiento u omnisciencia que asume el narrador.
Advierta que, como estamos hablando de grados, las subdivisiones son sólo
aproximadas. Como autor está usted en condiciones de decidir cuánto sabe. Puede
conocer la verdad plena y eterna; puede saber qué hay en la mente de uno de los
personajes pero no qué piensa el otro; o puede saber únicamente lo que se ve
desde fuera. Usted decide. Al comienzo del cuento deberá indicar al lector qué
grado de omnisciencia ha elegido; una vez hecha esta señal, se abre un
"contrato" entre el autor y el lector, contrato delicado de romper.
Si se ha limitado a la mente de James Lordly durante cinco páginas mientras
James mira lo que hacen la señora Grumms y sus gatos, rompe usted la convención
si se mete de pronto en la mente de la señora Grumms. Igualmente, nos
sentiríamos tratados mal y dispuestos a romper gustosos el contrato si nos da
usted los pensamientos de los gatos.
El narrador omnisciente -llamado a veces narrador editor omnisciente porque
dice de frente lo que se supone que debemos pensar- tiene un conocimiento
total. Cuando es usted autor omnisciente es un dios; puede:
1. Informar objetivamente lo que está pasando.
2. Meterse dentro de la mente de los personajes.
3. Interpretar por los lectores la apariencia de los personajes, lo que dicen,
sus actos o sus ideas, aun si los propios personajes no pueden hacerlo.