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jueves, 30 de mayo de 2013
Cuento Versus Novela
1:44 p. m.
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Cuento versus novela
miércoles, 6 de febrero de 2013
El Sentimiento de lo Fantástico. Julio Cortázar
6:00 a. m.
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El Sentimiento de lo Fantástico. Julio Cortázar
El sentimiento de lo fantástico,
por Julio Cortázar
El sentimiento de lo fantástico
*Conferencia dictada en la U.C.A.B por Julio Cortázar
Yo he sido siempre y primordialmente considerado como un prosista. La poesía es un poco mi juego secreto, la guardo casi enteramente para mí y me conmueve que esta noche dos personas diferentes hayan aludido a lo que yo he podido hacer en el campo de la poesía. (...) he pensado que me gustaría hablarles concretamente de literatura, de una forma de literatura: el cuento fantástico.
*Conferencia dictada en la U.C.A.B por Julio Cortázar
Yo he sido siempre y primordialmente considerado como un prosista. La poesía es un poco mi juego secreto, la guardo casi enteramente para mí y me conmueve que esta noche dos personas diferentes hayan aludido a lo que yo he podido hacer en el campo de la poesía. (...) he pensado que me gustaría hablarles concretamente de literatura, de una forma de literatura: el cuento fantástico.
Yo he escrito una cantidad probablemente excesiva de cuentos, de los cuales la inmensa mayoría son cuentos de tipo fantástico. El problema, como siempre, está en saber qué es lo fantástico. Es inútil ir al diccionario, yo no me molestaría en hacerlo, habrá una definición, que será aparentemente impecable, pero una vez que la hayamos leído los elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se escaparán de esa definición.
Ya no sé quién dijo, una vez, hablando de la posible definición de la poesía, que la poesía es eso que se queda afuera, cuando hemos terminado de definir la poesía. Creo que esa misma definición podría aplicarse a lo fantástico, de modo que, en vez de buscar una definición preceptiva de lo que es lo fantástico, en la literatura o fuera de ella, yo pienso que es mejor que cada uno de ustedes, como lo hago yo mismo, consulte su propio mundo interior, sus propias vivencias, y se plantee personalmente el problema de esas situaciones, de esas irrupciones, de esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen del todo o se están cumpliendo de una manera parcial, o están dando su lugar a una excepción.
viernes, 25 de enero de 2013
Escribir un cuento. Raymond Carver
6:00 a. m.
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Escribir un cuento.
Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de
concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante
un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para
escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en
disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata
de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso.
Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi
dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena
alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando
andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me
ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor
que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del
infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no
conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de
contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de
expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp
es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con
John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y
otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike,
Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary
Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin... Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en
consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente,
del estilo.
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lunes, 21 de enero de 2013
Las diez reglas de oro del escritor Michael Moorcock
6:00 a. m.
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Las diez reglas de oro del escritor Michael Moorcock
1. Mi primera regla fue dada por TH White, autor de The Sword in the Stone and other Arthurian fantasies y fue: lee. Lee todo lo que caiga en tus manos. A las personas que quieren escribir fantasía, ciencia ficción o romance siempre les aconsejo dejar de leer todo en esos géneros y empezar a leer cualquier otra cosa.
2. Encuentra a un autor que admires (el mío fue Conrad) y copia sus argumentos y personajes para contar tu propia historia, de la misma manera que los pintores aprenden a pintar copiando a los grandes maestros.
3. Presenta a tus personajes y temas principales en el primer tercio de tu novela.
1. Mi primera regla fue dada por TH White, autor de The Sword in the Stone and other Arthurian fantasies y fue: lee. Lee todo lo que caiga en tus manos. A las personas que quieren escribir fantasía, ciencia ficción o romance siempre les aconsejo dejar de leer todo en esos géneros y empezar a leer cualquier otra cosa.
2. Encuentra a un autor que admires (el mío fue Conrad) y copia sus argumentos y personajes para contar tu propia historia, de la misma manera que los pintores aprenden a pintar copiando a los grandes maestros.
3. Presenta a tus personajes y temas principales en el primer tercio de tu novela.
viernes, 18 de enero de 2013
Advertencias de un escritor. Gabriel García Márquez
6:00 a. m.
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Lista de valiosos consejos que nos deja el gran gabo.
3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.
4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.
5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.
6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.
7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.
Advertencias de un escritor
García Márquez, Gabriel
1- Una cosa
es una historia larga, y otra, una historia alargada.
2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.
3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.
4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.
5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.
6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.
7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.
Webs y Artículos Interesantes
sábado, 12 de enero de 2013
El adjetivo y sus arrugas. Alejo Carpentier
6:00 a. m.
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El adjetivo y sus arrugas.
Alejo Carpentier
Los adjetivos son las arrugas del estilo. Cuando
se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al
llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado
mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo,
cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga
dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez
más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los
carga. Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco
los sustantivos.
Cuando el Dios del Génesis luego de poner luminarias en la
haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las
aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan
todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera.
Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus
manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales
destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una
idea concreta, servida por palabras concretas. Así el refrán, frase que
expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina
casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: "Dime con quién
andas...", " Tanto va el cántaro a la fuente...", " El
muerto al hoyo...", etc. Y es que, por instinto, quienes elaboran una
materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada
época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas
largas o cortas, sus chistes o leontinas.
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jueves, 10 de enero de 2013
Acerca de mis Cuentos. Jorge Luis Borges
6:00 a. m.
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Acerca de mis cuentos
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
Acaban de informarme que voy a hablar sobre mis cuentos. Ustedes quizás
los conozcan mejor que yo, ya que yo los he escrito una vez y he tratado de
olvidarlos, para no desanimarme he pasado a otros; en cambio tal vez alguno
de ustedes haya leído algún cuento mío, digamos, un par de veces, cosa que no
me ha ocurrido a mí. Pero creo que podemos hablar sobre mis cuentos, si les
parece que merecen atención. Voy a tratar de recordar alguno y luego me
gustaría conversar con ustedes que, posiblemente, o sin posiblemente, sin
adverbio, pueden enseñarme muchas cosas, ya que yo no creo, contrariamente a
la teoría de Edgar Allan Poe, que el arte, la operación de escribir, sea una
operación intelectual. Yo creo que es mejor que el escritor intervenga lo
menos posible en su obra. Esto puede parecer asombroso; sin embargo, no lo
es, en todo caso se trata curiosamente de la doctrina clásica.
Lo vemos en la primera línea -yo no sé griego- de la Iliada de
Homero, que leemos en la versión tan censurada de Hermosilla: "Canta, Musa,
la cólera de Aquiles". Es decir, Homero, o los griegos que llamamos
Homero, sabía, sabían, que el poeta no es el cantor, que el poeta (el
prosista, da lo mismo) es simplemente el amanuense de algo que ignora y que
en su mitología se llamaba la Musa. En cambio los hebreos prefirieron hablar
del espíritu, y nuestra psicología contemporánea, que no adolece de excesiva
belleza, de la subconsciencia, el inconsciente colectivo, o algo así. Pero en
fin, lo importante es el hecho de que el escritor es un amanuense, él recibe
algo y trata de comunicarlo, lo que recibe no son exactamente ciertas
palabras en un cierto orden, como querían los hebreos, que pensaban que cada
sílaba del texto había sido prefijada. No, nosotros creemos en algo mucho más
vago que eso, pero en cualquier caso en recibir algo.
EL ZAHIR
Voy a tratar entonces de recordar un cuento mío. Estaba dudando mientras
me traían y me acordé de un cuento que no sé si ustedes han leído; se llama
El Zahir. Voy a recordar cómo llegué yo a la concepción de ese cuento. Uso la
palabra «cuento» entre comillas ya que no sé si lo es o qué es, pero, en fin,
el tema de los géneros es lo de menos. Croce creía que no hay géneros; yo
creo que sí, que los hay en el sentido de que hay una expectativa en el
lector. Si una persona lee un cuento, lo lee de un modo distinto de su modo
de leer cuando busca un artículo en una enciclopedia o cuando lee una novela,
o cuando lee un poema. Los textos pueden no ser distintos pero cambian según
el lector, según la expectativa. Quien lee un cuento sabe o espera leer algo
que lo distraiga de su vida cotidiana, que lo haga entrar en un mundo no diré
fantástico -muy ambiciosa es la palabra- pero sí ligeramente distinto del
mundo de las experiencias comunes.
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martes, 8 de enero de 2013
Decálogo del escritor
6:00 a. m.
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Decálogo del escritor
Primero
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen
tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda
serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: “En literatura no hay
nada escrito”.
Cuarto
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con
una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con
cincuenta palabras.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Algunos aspectos del Cuento. Clase magistral de Julio Cortázar
6:30 a. m.
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Algunos aspectos del cuento
Clase magistral de Julio Cortázar
Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes, de principios, de relaciones de causa y efecto, de psicologías definidas, de geografía bien cartografiadas.
La oportunidad de cambiar ideas acerca del cuento me interesa por diversas razones. Vivo en un país -Francia- donde este género tiene poca vigencia, aunque en los últimos años se nota entre escritores y lectores un interés creciente por esa forma de expresión. De todos modos, mientras los críticos siguen acumulando teorías y manteniendo enconadas polémicas acerca de la novela, casi nadie se interesa por la problemática del cuento.
Clase magistral de Julio Cortázar
Puesto que voy a ocuparme de algunos aspectos del cuento como género
literario, y es posible que algunas de mis ideas sorprendan o choquen a quienes
las lean, me parece de una elemental honradez definir el tipo de narración que
me interesa, señalando mi especial manera de entender el mundo.
Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes, de principios, de relaciones de causa y efecto, de psicologías definidas, de geografía bien cartografiadas.
En mi caso, la sospecha de otro orden más
secreto y menos comunicable, y el fecundo descubrimiento de Alfred Jarry, para
quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las
excepciones a esas leyes, han sido algunos de los principios orientadores de mi
búsqueda personal de una literatura al margen de todo realismo demasiado
ingenuo. Por eso, si en las ideas que siguen encuentran ustedes una
predilección por todo lo que en el cuento es excepcional, trátese de los temas o
incluso de las formas expresivas, creo que esta presentación de mi propia
manera de entender el mundo explicará mi toma de posesión y mi enfoque del
problema.
En último extremo podrá decirse que solo he hablado del cuento tal y
como yo lo practico. Y sin embargo, no creo que sea así. Tengo la certidumbre
de que existen ciertas constantes, ciertos valores que se aplican a todos los
cuentos, fantásticos o realistas, dramáticos o humorísticos. Y pienso que tal
vez sea posible mostrar aquí esos elementos invariables que dan a un buen
cuento su atmósfera peculiar y su calidad de obra de arte.
La oportunidad de cambiar ideas acerca del cuento me interesa por diversas razones. Vivo en un país -Francia- donde este género tiene poca vigencia, aunque en los últimos años se nota entre escritores y lectores un interés creciente por esa forma de expresión. De todos modos, mientras los críticos siguen acumulando teorías y manteniendo enconadas polémicas acerca de la novela, casi nadie se interesa por la problemática del cuento.
Vivir como
cuentista en un país donde esta forma expresiva es un producto casi exótico,
obliga forzosamente a buscar en otras literaturas el alimento que allí falta.
Poco a poco, en sus textos originales o mediante traducciones, uno va acumulando
casi rencorosamente una enorme cantidad de cuentos del pasado y del presente, y
llega el día en que puede hacer un balance, intentar una aproximación
valorativa a ese género de tan difícil definición, tan huidizo en sus múltiples
y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí
mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión
del tiempo literario.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Cómo ser un escritor de éxito
11:59 p. m.
¿cómo escribir un libro?, como ser escritor de éxito, el arte de escribir, tips y consejos para escritores
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Breve texto en el que un buen escritor, K. J. Anderson nos explica con mucha claridad uno de los pilares del exito como escritor y de manera general en la vida.
Alguien en una firma de libros: “Siempre he querido ser escritor. Podría escribir una novela.”
Yo: “¿Sí? ¿Y por qué no lo hace?”
Persona: “Porque no tengo tiempo.”
Yo: “Mmm. Nadie me da a mí el tiempo. Tengo que conseguirlo yo, establecer prioridades, disciplinarme para conseguir escribir cada día, sin importar lo cansado que esté. Trabajaba a horario completo cuando escribí mis primeras novelas, arañando una hora aquí y allí por las tardes y los fines de semana. Así es como me he convertido en un autor de éxito.”
Persona: “Bueno, vale. Creo que usted ha tenido suerte.”
Anderson dice que pretender ser escritor sin esfuerzo es como querer ganar una medalla en las olimpiadas con algún atajo.
He querido ser escritor desde que tenía cinco años. Me sentaba en el despacho de mi padre y tecleaba mi primera “novela” en su máquina de escribir cuando tenía ocho. Tuve mi primer rechazo cuando tenía 13, publiqué mi primera historia a los 16 (después de reunir 80 rechazos) y conseguí vender mi primera novela a los 25.
Mis archivos tienen ahora más de 800 rechazos. Pero por otro lado, también tengo 100 libros publicados, 46 de ellos han sido bestsellers, tengo una estantería llena de trofeos, y mi trabajo ha sido traducido a 30 idiomas. He escrito más de 12 millones de palabras, hasta ahora.
Y, una vez más, el secreto del éxito está en el trabajo. No hay atajos para ser medallista en las olimpiadas. Solo hay que entrenar, entrenar y entrenar, pase lo que pase. No hay secretos para ser un novelista de éxito. Solo tienes que seguir escribiendo después de tener decenas o cientos de relatos o novelas rechazadas.
Y no hay secretos para conseguir el éxito en lo que te propongas. Simplemente tienes que trabajar duro, día tras día, año tras año.
Alguien en una firma de libros: “Siempre he querido ser escritor. Podría escribir una novela.”
Yo: “¿Sí? ¿Y por qué no lo hace?”
Persona: “Porque no tengo tiempo.”
Yo: “Mmm. Nadie me da a mí el tiempo. Tengo que conseguirlo yo, establecer prioridades, disciplinarme para conseguir escribir cada día, sin importar lo cansado que esté. Trabajaba a horario completo cuando escribí mis primeras novelas, arañando una hora aquí y allí por las tardes y los fines de semana. Así es como me he convertido en un autor de éxito.”
Persona: “Bueno, vale. Creo que usted ha tenido suerte.”
Anderson dice que pretender ser escritor sin esfuerzo es como querer ganar una medalla en las olimpiadas con algún atajo.
He querido ser escritor desde que tenía cinco años. Me sentaba en el despacho de mi padre y tecleaba mi primera “novela” en su máquina de escribir cuando tenía ocho. Tuve mi primer rechazo cuando tenía 13, publiqué mi primera historia a los 16 (después de reunir 80 rechazos) y conseguí vender mi primera novela a los 25.
Mis archivos tienen ahora más de 800 rechazos. Pero por otro lado, también tengo 100 libros publicados, 46 de ellos han sido bestsellers, tengo una estantería llena de trofeos, y mi trabajo ha sido traducido a 30 idiomas. He escrito más de 12 millones de palabras, hasta ahora.
Y, una vez más, el secreto del éxito está en el trabajo. No hay atajos para ser medallista en las olimpiadas. Solo hay que entrenar, entrenar y entrenar, pase lo que pase. No hay secretos para ser un novelista de éxito. Solo tienes que seguir escribiendo después de tener decenas o cientos de relatos o novelas rechazadas.
Y no hay secretos para conseguir el éxito en lo que te propongas. Simplemente tienes que trabajar duro, día tras día, año tras año.
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